Colecho

  • ¿Os acordáis cuando no habíais oído la palabra «colecho»? ¡Qué jóvenes éramos! Éramos los dueños de nuestras camas y en la mesita de noche había una lamparita y tu móvil, y tú podías decidir a qué hora despertarte. Todo eso quedó atrás y parece irrecuperable.

    Sin embargo, a cambio has adquirido nuevas habilidades. Eres capaz de dormir al borde del precipicio, soportar patadas en las costillas y cabezazos en el esternón durante toda la noche. Y lo más extraordinario: a la mañana siguiente despertar pensando que has dormido bien porque sólo te has levantado 3 veces y no has tenido que cambiar sábanas.

    Aún así, es genial dormirte viendo como se cierran esos ojitos.